PLANETA DESEO
Con una pipa de marihuana y los humos en la cabeza, el viejo espera.
Se mantiene paciente y seguro de que antes de que la tierra vuelva a dar un
giro, sus sábanas se rebujaran de nuevo con la fragancia que lo acorrala desde
el día de su nacimiento. No se para en la puerta, no silva ni manotea, no se le
ve ansioso y mucho menos en aras de llamar la atención. Su estilo es
desordenado: camisetas descuidadas y pantalanes de color, un color cualquiera;
su cabello largo alguna vez cubrió toda su cabeza, pero ahora sólo cubre
pequeñas secciones que dejan entrever la grasa sobre su cráneo, generada por
toda la inteligencia que abre caminos a universos que no caben en este mundo. Se
ve pasear en su auto con una y otra mina, en el asiento donde también pasea a su
esposa. Pone su mano en sus piernas, hasta en la pata de la perra, y las doma,
las dirige en un viaje fuera de la mirada de cualquiera. A su auto le salen propulsores
en la parte trasera, las puertas se convierten en las alas de un avión, y la
nave despega (shhhhhhh).
Las carcajadas son exorbitantes porque él también acaricia
con su mirada, mirada que se clava en lo indescriptible de quién le acompaña. Y
la nave, esa se dirige sola, como si estuviera unida a sus deseos y esquivara cada
obstáculo de su galaxia oculta. El aire que exhala eriza hasta quienes se
forjaron en hierro, tanto por su supremacía natural como por los alucinógenos que
arroja y luego inevitables se aspiran. Es un encantador de mujeres, su lengua
enreda y confunde poseída por la lujuria. Pronto dentro de la nave no se habla
español, inglés o francés, sino el idioma de los sentidos perdidos,
desorientados y apresados en un calor tan ardiente como el sol. El ambiente es
sostenido por las ondas de sonido de la radio que fuertemente golpean con cada
nota alcanzada por Supertramp – The Logical Song. Él chasquea sus dedos y mueve
sus hombros mientras arde su pecho. Los asientos se vuelven rectos, recubiertos
con sábanas blancas, el techo se llena de luces de colores de las que cuelgan
planetas que dan una vuelta cada pecado cumplido, así que giran y giran sin
parar.
Las llantas son de nuevo llantas, las
puertas no son más alas, y la gasolina vuelve al motor. De nuevo ruedan sobre
el asfalto y son visibles en la ciudad. Se cierran las puertas a ese otro
universo, otro tiempo y mismo espacio, donde las leyes de gravedad no actúan igual
y hacen que nuestro polo a tierra sea hacer el amor por una razón más superior,
la creación mágica de todo lo terrenalmente prohibido.
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