martes, 23 de marzo de 2021

 

PLANETA DESEO

Con una pipa de marihuana y los humos en la cabeza, el viejo espera. Se mantiene paciente y seguro de que antes de que la tierra vuelva a dar un giro, sus sábanas se rebujaran de nuevo con la fragancia que lo acorrala desde el día de su nacimiento. No se para en la puerta, no silva ni manotea, no se le ve ansioso y mucho menos en aras de llamar la atención. Su estilo es desordenado: camisetas descuidadas y pantalanes de color, un color cualquiera; su cabello largo alguna vez cubrió toda su cabeza, pero ahora sólo cubre pequeñas secciones que dejan entrever la grasa sobre su cráneo, generada por toda la inteligencia que abre caminos a universos que no caben en este mundo. Se ve pasear en su auto con una y otra mina, en el asiento donde también pasea a su esposa. Pone su mano en sus piernas, hasta en la pata de la perra, y las doma, las dirige en un viaje fuera de la mirada de cualquiera. A su auto le salen propulsores en la parte trasera, las puertas se convierten en las alas de un avión, y la nave despega (shhhhhhh).

Las carcajadas son exorbitantes porque él también acaricia con su mirada, mirada que se clava en lo indescriptible de quién le acompaña. Y la nave, esa se dirige sola, como si estuviera unida a sus deseos y esquivara cada obstáculo de su galaxia oculta. El aire que exhala eriza hasta quienes se forjaron en hierro, tanto por su supremacía natural como por los alucinógenos que arroja y luego inevitables se aspiran. Es un encantador de mujeres, su lengua enreda y confunde poseída por la lujuria. Pronto dentro de la nave no se habla español, inglés o francés, sino el idioma de los sentidos perdidos, desorientados y apresados en un calor tan ardiente como el sol. El ambiente es sostenido por las ondas de sonido de la radio que fuertemente golpean con cada nota alcanzada por Supertramp – The Logical Song. Él chasquea sus dedos y mueve sus hombros mientras arde su pecho. Los asientos se vuelven rectos, recubiertos con sábanas blancas, el techo se llena de luces de colores de las que cuelgan planetas que dan una vuelta cada pecado cumplido, así que giran y giran sin parar.

Las llantas son de nuevo llantas, las puertas no son más alas, y la gasolina vuelve al motor. De nuevo ruedan sobre el asfalto y son visibles en la ciudad. Se cierran las puertas a ese otro universo, otro tiempo y mismo espacio, donde las leyes de gravedad no actúan igual y hacen que nuestro polo a tierra sea hacer el amor por una razón más superior, la creación mágica de todo lo terrenalmente prohibido.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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