EN EL 301
- Joder, pero si hay un olor hediondo en todo el conjunto de apartamentos
- - ¡Que yo te lo
digo! Esta unidad esta infestada de un olor a muerto. En las noches me parece
que es por mi marido acostado de espaldas a mi lado. Su sudor nocturno siempre ha
sido insoportable. Pareciera que tras su partida en las mañanas aquel olor es
el que se queda impregnado en todas partes.
- - Jajaj ni lo
digas! Entonces el olor de mi casa corresponde al de las güevas de mi marido. Hasta
hace unos años sólo se sentía en las sábanas, el colchón, la cobijas, y las
toallas. Ahora pareciera que el olor se canso de habitar en sus vellos púbicos y
se ha apropiado de toda cada rincón.
- - ¡Pero mira!
Que viene la policía. Jajaj y no he llamado yo a que se llevaran a rastras a mi
esposo por cargar consigo esa peste. Debí hacerlo hace rato, para ahorrarnos
tener que andar con un trapo en la nariz todo el día. Me asfixia mientras barro
las huellas del repugnante que no olvida nunca llegar a ensuciar el apartamento.
- - Lucia mira,
eh, ¡como que esto va enserio! ¡Vienen a recoger a un muerto de verdad! ¡Mira
mira! ¡Asómate! Vienen con trajes blancos y con esas cosas de la televisión. Baja,
como que están en el 310.
- - ¿Ahí no es
dónde vivía la vieja de los pastelitos?
- . ¿Cuál vieja,
Lucia? Andaaa. Esa que te intoxico un día con uno porque no le ayudaste a subir
su mercado.
- - Ahhh, pero si
habrá intoxicado a medio edificio! ¡Vieja mala clase! Cuántos más habrán caído
en sus ataques de caridad vecinal. Recuerdo que pretendía que le subiera 6
bolsas de mercado con mis escasa dos manos. Además, su mercado era de lo más
particular. No venia en esas bolsitas del super, sino en unas oscuras. Se
notaba que llevaba cosas de vidrio, como esos tarros donde vienen las brevas.
- - Ah, pero si debían
ser cosas del mercadillo al lado equivocado de las vías. Va gente un poco ordinaria
a comprar cosas como si estuviéramos en el siglo pasado. Sólo lo frecuentan viejos
y limosneros.
- - ¡Ah y no te
olvides de las putas! De allá debía ser la Mosa de mi marido.
- - Lucía, pero mira! ¡Tumbaron la puerta! Entra, entra, antes de que nos vean y nos lleven presas, ¡pero a nosotras!
-Del piso salían tubos, que ajustaban perfecto con la altura del techo. Estaban empolvados. La casa estaba cubierta por lentejuelas, fotos en las paredes y una cámara sobre un trípode, está estaba justo al frente de donde yacía el cuerpo de la “vieja”