martes, 16 de febrero de 2021

                                                                     HIPNOSIS

En caída, como siempre. Sin poder alterar el orden de las sensaciones. Cada una encadenada a otra en una secuencia firme y terca. Dentro de un sinfín oscuro que te sopla la cara. La angustia se apodera de tu piel, se siente fría y putrefacta. Te duele el alma, duelen las ganas de gritar para salir de una mala vida. Una vida que, aunque merezca ser vivida no quisiera salir de sus ensueños. Brilla el cielo oscuro tanto como el firmamento lejos de la ciudad. Basta alzar la mirada para sentirse parte de las constelaciones perfectas que dominan tu cabeza, pero ahora no tienes que abrir los ojos para sentirte parte del infinito. No los puedes abrir. Tus pupilas se cocieron entre sí, clavando una puntada final hasta tu cerebro que no te deja ni siquiera dar la orden para revertir este atrevimiento. Se apoderan de ti seres que creíste no cabían en tus pensamientos, pero que se doblaron como ropa para maletero. Te pertenecen todas esas verdades no dichas y palabras medianamente balbuceadas que, ahora son como monstruos deseosos por salir fuerte y claramente. Te tragan, absorbiéndote en su cumulo de estrellas temerarias, que no ves, pero sientes enfurecidas, ardientes y a punto de explotar como dinamita. Para destruir a quien las salvaguarda y a ti, que las privaste de la dicha de poder ser pronunciadas. Cada vez se siente más dolor en la piel, que se atrofia y enciende por el fuego silencioso de la caída, como si estuvieras siendo colisionado dentro de una bomba nuclear. Te quieres despedazar. Eres tú quien acciona todos estos ataques, pero no los puedes detener, el desespero se ha robado tu control y hace de las suyas para enterrarte muy lejos, donde sólo puedes sentir como tu cuerpo se desmorona. Sentada en una silla, frente a muchos ojos que se clavan en los míos, vacíos, insulsos, porque no tienen contenido. Pero, aún veo desde afuera, más allá de mi explosivo firmamento. Veo como se bloquea todo lo que me permite estar presente. Pero mientras miro me doy cuenta, que realmente no quisiera estar aquí.

 

Nota del autor: Para escribir este texto tome referencia de una parálisis del sueño que experimente, donde me encontraba cayendo eternamente sin poder tomar control de mi cuerpo, así que de aquí proviene la sensación de desespero. También tome referencia de una película de la que sinceramente no recuerdo el nombre. Allí mostraban como una mujer hipnotizaba a hombres morenos para esclavizarlos, así que los mandaba a un rincón de su subconsciente donde podían observar lo que pasaba. Dándoles un lugar de espectadores dentro de su propio cuerpo entonces, de aquí extraje la idea de estar atrapado en el cuerpo sin poder tomar acción sobre él, un tipo de parálisis. Además, como pudiste observar el texto está escrito en segunda persona, pero, el último párrafo está escrito en primera persona, ya que durante todo el texto intento dar a entender mi sentir personal al estar rodeada de muchas personas y tener que interactuar con ellas, ya que antaño me genero conflicto.

 

Mil pedazos

Se dividió en dos, se partió en mil y se piso hasta volverse arena, arena que llego hasta el mar, hasta la puntita donde el agua llega y se va. Siempre al borde pero temerosa de empaparse, de mezclarse, quizá de perderse, porque sabe que si el agua la alcanza no volverá a abochornarse en la orilla y así podría perder toda esperanza de sentir llegar un par de pies que pateen y jadeen a regañadientes, que llueven sin ser tormenta porque su agua no cae del cielo y si de su alma. Espera a que un quejido salido de ese cuerpo la tire muy lejos de la orilla, para alcanzar a llegar hasta donde están un par de chiquillos haciendo un castillo de arena, para poderse sentir acariciada, apretada, y anhelada en las manos de ese ser que ya no es, pero que habita en sus recuerdos, así como aquellos pies que en vez de ser tempestad en la orilla del mar deberían sentarse allí también donde espera que la lleven para sobarla, jugarla, besarla, y consolarla. Reconstruir la roca que fue, esa roca que sostenía firme la montaña, esa roca que, aunque frágil nunca abandonaba su lugar, hasta que muy fuerte todo se sacudió y cayo, cayo donde zapatos y llantas la volvieron arena que llego hasta el borde del mar.

Así que desea pronto que alguna forma en la que habita en esta quimera decida, así como se construye un catillo de arena construir una roca con los fragmentos de si que se conservan en esta playa.

RESEÑA

RESEÑA A Sangre Fría es la obra más icónica de Truman Capote, del género de acción no ficticia y ganadora de Premio Edgar al Mejor Artícul...